domingo, 23 de agosto de 2009

Todas somos Sandra


Este viernes 21 de agosto, las calles se vistieron con la pregunta "
¿Sabés quién es Sandra Ayala Gamboa?", para después afirmar, enfáticamente, en paredes, en la calle, en el rojo furioso que teñía ARBA (Agencia de Recaudación de Buenos Aires), en lxs perrxs compañerxs del Olga Vazquez (también entintados de salpicones rojos), en el montón de gente que detuvo su oído, escuchó y después se sumó al grito: "¡Todas somos Sandra!". A veces las palabras son esquivas para describir los volúmenes, las texturas y las densidades de las sensaciones y las emociones que te invaden a vos y a quienes te rodean... desconfío del fastidioso y sabelotodo lugar común de "una imagen dice más que cien palabras...", pero en este caso, quisiera compartir con ustedes algunas postales del acto del viernes, mucho más elocuentes y vivas que cualquier intento, insuficiente, fútil, de poner en palabras tanta piel erizada del viernes.

El acto fue organizado por la asamblea "¡Justicia por Sandra!", que, a su vez, trabajó conjuntamente en dos flancos paralelos: la comisión de cultura y la comisión de prensa y comunicación. La idea del acto fue hacer resonar la vigencia y el sentido de urgencia del reclamo de justicia a dos años y medio del asesinato y violación de Sandra Ayala Gamboa, y también pujar por incorporar la noción de femicidio (acá no hay encomillado que valga, como sí sucedió en algunos medios que tomaron la noticia) al lenguaje cotidiano. Lo cotidiano: ese fue el campo al que decidimos apuntar, concibiendo una intervención que problematizara la acrítica linealidad de la percepción cotidiana (sede de un nefasto "sentido común" que consiente en naturalizar la ritualización socio-política-jurídica e institucionalización de la violencia de género) e interpelara directamente al pasar anónimo de todos los días. Dos cosas: problematizar lo cotidiano y visibilizar lo encubierto por costras y costras de silencio. Problematizar y visibilizar.














Necesitamos una palabra, generalizar el empleo de una palabra. Las palabras son herramientas que nos sirven para reconocer, dar entidad, concientizar sobre un problema que ha sido metabolizado por la sociedad misma; tan avanzada fue la naturalización que el problema ha podido desprenderse de cualquier forma de nominación y se ha diluido en todas partes, volviéndose tan familiar y váporeo como el aire mismo, pero tan presente como el dolor del cuerpo arrebatado. Necesitamos un nombre:
femicidio.


El femicidio es la muerte violenta de una mujer, por el hecho mismo de ser mujer. Es una de las expresiones más brutales del continuo cotidiano de violencia, opresión y silenciamiento que sufren las mujeres. Es promovido por la impunidad, la omisión y la negligencia criminal del Estado. El asesinato de mujeres se produce en el marco de esta sociedad patriarcal, sexista y desigual. El término femicidio se diferencia del universal neutro “homicidio” o del marco del “crimen pasional”, como suelen denominar a estos casos. La violencia de género nos hermana y nos vulnera a tod@s. Reconocer que el femicidio existe e incorporarlo al vocabulario de todos los días es el primer paso para transformar esta situación.

(Definición que se trabajó en la comisión de cultura para el armado de los trípticos informativos).

El sentido de la intervención urbana fue traducir visualmente todo aquello que las paredes, calles y veredas habían visto y conducir a la mirada cotidiana (rutinizada, mecánica, pasiva) a dirigirse a escuchar todo aquello que el espacio de la ciudad estaba diciendo... ¡a gritos!, como lo confirma la eficaz y directa retórica del rojo, querido y viejo megáfono cromático siempre al uso. Recortar el espacio del edificio de la mirada cotidiana, reafirmar ese reencuadre con una vieja frase ya conocida, el "usted está aquí" generalizado de los shoppings, pero no para reconducir al usuario paseante distraído a reincorporarse al circuito predeterminado de circulación consumista (el tránsito nuestro de cada día, bah), sino interpelándolo de manera descarnada, deteniendo el paso, interrogando la mirada, difundiendo la pregunta y la conciencia.


También se hizo un sendero de pisadas blancas stencileadas, marcando el camino desde la pensión donde vivía Sandra (calle 6 y 44) hasta el edificio de ARBA (calle 7 entre 45 y 46). Cada pisada estaba acompañada de palabras satélites: mujer, migrante y desocupada, caracterizándola a Sandra; encubrimiento, impunidad y silencio, precisando tristísimas invariantes que nos dicen mucho de la idiosincrasia política, social y judicial del país.

Ese día también hubo bandas (Vatangueando, un dúo de folklore cuyo nombre -glup- desconozco, Tabris -banda de la amiga de una casa, la fabulosa Letizia-, las chicas superpoderosas de Condenadas al Éxito y Mansa Locura) y radio abierta. Incluso a un compañero que repartía volantes, un taxista le dijo que iba a avisarle a todos los taxistas del gremio que ese mismo día el tópico inefable de conversación "tachero-cliente apurado" iba a ser: "¿sabés quién es Sandra Ayala Gamboa?".

Más fotos del acto, aquí y aquí.

"¡Ahora, ahora, resulta indispensable, justicia para Sandra, el gobierno es responsable!"

5 comentarios:

  1. lucha ama a victoria..
    resistiendo desde los bordes de la sociedad heteropatriarcal!

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  2. ¡Siiiii! :D

    Que lástima que en los comments no se puedan ver imágenes, pero si se pudiera, ésta sería la bandera a compartir:

    http://img2.allposters.com/images/cmag/976-005.jpg

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  3. buena acción (en todo sentido)
    hay que insistir
    las modificaciones culturales llevan años de esfuerzo
    no hay que aflojar

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  4. aquella foto de una familiar sentada en la puerta, con una bolsa y las velitas

    me parte el alma

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  5. Hola Alex:

    Coincido con lo de la necesidad de perseverar, siempre mutando, construyendo formas que escapen a los moldes de previsibilidad normativizados. Fue muy movilizador todo lo que sucedió el viernes pasado, y seguir percibiendo las resonancias que eso tuvo: toda persona que camina por la zona, se detiene a leer cada cartel y toda la escena integral que se construyó en torno a ese espacio... ese recorte de calle los interpela y los sacude de su cadencia cotidiana.

    Creo que podemos sentirnos contentxs, en cuanto a nuestro próposito de visibilizar y llamar a la reflexión... ahora queda seguir trabajando y continuando esa senda, de múltiples formas posibles.

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